Una marca no es un logotipo. Es el sistema que hace que todo lo que publica el negocio se reconozca como suyo, esté impreso en una carta o abierto en un teléfono.
Logotipo y sus variantes, con los archivos en todos los formatos que se van a necesitar después.
Tipografías, paleta de color, uso de imagen y las reglas que hacen que dos piezas distintas se vean de la misma marca.
Papelería, firma de correo, señalética, envases, uniformes, vehículos: lo que el negocio use de verdad.
Cartas, catálogos, informes y presentaciones. Diseño pensado para leerse, no solo para verse.
Plantillas para redes sociales, avatares y formatos listos para publicar sin volver a pedirle nada al diseñador.
Un documento corto que dice cómo se usa la marca. Corto a propósito: los manuales largos no se abren.
Partimos preguntando a quién le habla la marca y qué tiene que pasar cuando la ven. El diseño viene después.
Presentamos rutas visuales distintas entre sí, no tres versiones del mismo camino. Una vez elegida, la desarrollamos completa y la probamos en las aplicaciones reales del negocio: impresa en el tamaño que va a tener, reducida al tamaño de un ícono, sobre fondos que no controlamos.
Una marca que solo funciona en la lámina de presentación no está terminada.
Diseñamos y también programamos, así que la identidad no se entrega y se abandona: la aplicamos nosotros mismos al sitio, a la plataforma y a los correos que el negocio envía.
Eso evita el problema más común de un proyecto de marca: un manual impecable y un sitio que no se parece en nada, porque quien lo programó nunca lo leyó.
Depende de cuántas aplicaciones necesita el negocio. Una identidad para un emprendimiento que necesita logotipo, colores y plantillas de redes, y un sistema completo con envases, señalética y papelería, son trabajos de tamaño muy distinto. Definimos primero la lista de piezas y sobre esa lista entregamos un valor cerrado.
Una identidad completa toma varias semanas, repartidas entre conversación inicial, propuesta de rutas visuales, desarrollo de la elegida y producción de las aplicaciones. Los tiempos se alargan cuando la decisión sobre la ruta visual pasa por muchas personas: conviene definir desde el principio quién aprueba.
Sí. La marca queda con sus archivos vectoriales y editables a nombre del cliente, en los formatos que van a hacer falta después: para imprenta, para pantalla y para quien tenga que producir una pieza más adelante.
Sí, y es un trabajo distinto al de crear una desde cero. Lo primero es decidir qué se conserva: hay marcas donde el nombre y el reconocimiento ya valen y solo hace falta ordenar el sistema visual, y otras donde conviene partir de nuevo. Esa decisión se toma al principio, no en el camino.
No hacemos la tramitación, que es un trámite legal. Sí entregamos los archivos en el formato que el registro necesita y advertimos temprano si el nombre elegido tiene un riesgo evidente, para que la revisión con un especialista ocurra antes de producir todas las piezas y no después.
Sea una marca nueva o una que hay que ordenar, partimos por entender a quién le habla y dónde se va a ver.
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